Cooperación

Los datos sobre educación: un desafío en materia de confianza, pedagogía y ciudadanía

La conferencia «De los datos sobre educación a la educación sobre datos», organizada en el marco de Educatech el 21 de noviembre de 2025, reunió a expertas institucionales, pedagógicas e internacionales en torno a una cuestión central: cómo pueden los datos convertirse en una palanca de confianza, protección y emancipación en la educación.

Moderada por Philippe Ajuelos, del Ministerio de Educación Nacional, la mesa redonda contó con la participación de Jennifer Elbaz (CNIL), Gwen Cognard (Cabri Maskott), Muriel Poisson (IIPE-UNESCO) y Murielle Lavelle-Cassano (Ministerio de Educación Nacional).

Los datos protectores: confianza, privacidad y ciudadanía digital

En la era digital, los datos educativos ya no son una simple información técnica: afectan a la identidad, la intimidad y las libertades fundamentales. Proteger los datos de alumnos y docentes no significa frenar la innovación, sino crear las condiciones para generar confianza. La privacidad se convierte en una competencia ciudadana y la protección de datos en un aprendizaje por derecho propio. Formar a los jóvenes para que comprendan en qué se convierten sus huellas digitales, deconstruir la ilusión del «no tengo nada que ocultar» y desarrollar una cultura de la confidencialidad ya son retos educativos fundamentales. Los datos protectores actúan, así como una base: sin confianza, no hay intercambio, ni innovación, ni uso virtuoso.

Los datos como herramienta de aprendizaje: una palanca para la pedagogía

Los datos que surgen de los usos pedagógicos permiten visibilizar procesos de aprendizaje que antes eran difíciles de observar: tiempo dedicado, estrategias, errores, progresos. Estos rastros constituyen una poderosa palanca para la diferenciación pedagógica y el acompañamiento personalizado. Los profesores pueden ajustar sus prácticas de forma más precisa, mientras que los alumnos acceden a una mejor comprensión de su propio recorrido. Los datos se convierten así en una herramienta de emancipación intelectual, siempre que sigan estando al servicio de la pedagogía y no solo de la lógica de la evaluación o del control.

Los datos públicos: apertura, valor compartido y bien común

La apertura de los datos educativos supone una profunda transformación de la acción pública. Al hacer accesibles los conjuntos de datos, las instituciones favorecen la transparencia, estimulan la investigación y fomentan la innovación. Los datos se convierten en un bien común, compartido entre el Estado, los investigadores, las colectividades, los periodistas y los ciudadanos. Esta lógica de apertura transforma la relación entre la administración y la sociedad: ya no se basa únicamente en la autoridad, sino en la confianza y la cooperación. Cuanto más se reutilizan, cruzan y enriquecen los datos, mayor es su calidad y valor colectivo.

La educación en materia de datos: formar, aculturar, responsabilizar

La cuestión central sigue siendo la formación. Formar en el uso de los datos no consiste únicamente en enseñar competencias técnicas, sino en desarrollar el espíritu crítico frente a las cifras, los gráficos y los algoritmos. Se trata de promover la cultura de los datos en toda la comunidad educativa —alumnos, docentes, padres— en relación con la comprensión de los mecanismos de producción, tratamiento y uso de los datos. Esta educación tiene por objeto responsabilizar a los ciudadanos del mañana para que puedan ejercer un control informado sobre sus propias huellas digitales y participar plenamente en el debate democrático.

Los datos educativos no son ni neutros ni accesorios. Constituyen una palanca fundamental para la transformación de la escuela, siempre que se supervisen, se comprendan y se compartan. El reto no es producir cada vez más datos, sino desarrollar una cultura colectiva de los datos, basada en la confianza, la responsabilidad y el bien común.