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De la política a la práctica: Por qué son importantes los Consejos de Gobierno Escolar en la reforma educativa filipina
El comienzo de un nuevo año lectivo es el momento perfecto para recordar a todos -docentes, padres, alumnos, miembros de la comunidad y funcionarios públicos por igual- el papel crucial que desempeñan en definir el rumbo de nuestras escuelas. Es un recordatorio de que la educación no es responsabilidad exclusiva de los educadores, sino una misión pública compartida.
En el centro de esta responsabilidad compartida se encuentran los Consejos de Gobierno Escolar (SGC), una innovación filipina en la gobernanza escolar participativa. Lo que destaca a estos SGC no es solo su diseño, sino su reconocimiento oficial como parte de la política nacional a través de la Orden nº 26, s. 2022, del Departamento de Educación (DepEd). Esta directiva ordena la creación de SGC en todas las escuelas públicas y pasa de considerar la participación de las partes interesadas como algo deseable a reconocerla como una condición necesaria para la gobernanza. Lo que es aún más encomiable es el esfuerzo deliberado del Departamento de Educación por ir más allá de la promulgación de políticas y plantearse el difícil interrogante: ¿Son realmente funcionales los SGC?
Institucionalizar la participación: La promesa de los SGC
Los SGC reúnen a padres, alumnos, docentes, personal no docente y otros miembros de la comunidad para trabajar como socios y colaboradores en la mejora de las escuelas. Su creación tiene su origen en la Ley de la República 9155 o Ley de Gobernanza de la Educación Básica de 2001, que sentó las bases de la gestión escolar en el país. Pero recién en los últimos años, especialmente a través de la Orden nº 26 del Departamento de Educación, se formalizaron estos consejos como mecanismos obligatorios para la gobernanza participativa en las escuelas.
Los Consejos de Gobierno Escolar son algo más que gestos simbólicos de inclusión. Son espacios institucionalizados en los cuales se escucha la voz de la comunidad, se supervisan los recursos y se debaten las políticas y su implementación. Promueven la transparencia en el funcionamiento de las escuelas, exigen la rendición de cuentas sobre el uso de los fondos y el cumplimiento de las metas de desempeño, y capacitan a las partes interesadas para que participen activamente en la definición de los resultados educativos. A medida que el Departamento de Educación aspira a la descentralización, los SGC efectivos también se convierten en factores cruciales para el éxito, ya que sirven de puente entre los objetivos educativos nacionales y las realidades locales, establecen mecanismos de control y equilibrio frente a las autoridades escolares y garantizan que las decisiones escolares se basen en las experiencias vividas y en las contribuciones de las comunidades a las que atienden.
Medir la funcionalidad: De la forma al fondo
Reconociendo que la sola emisión de políticas no garantiza su cumplimiento efectivo, el Departamento de Educación dio un paso importante: una evaluación nacional de la funcionalidad de los SGC desde 2022 (línea de base) hasta 2024 (línea final). Se evaluaron casi 10 000 escuelas secundarias utilizando 12 indicadores, que abarcaron la estructura interna del SGC y su funcionamiento como mecanismo de participación para la mejora escolar. Los resultados revelan un panorama heterogéneo pero prometedor.
Casi todas las escuelas secundarias públicas del país han informado sobre la creación de sus Consejos de Gobierno Escolar (SGC), y más del 60 % de ellos se han constituido en cumplimiento de los lineamientos del Departamento de Educación de 2022. Según los datos finales, casi la mitad de estos Consejos, concretamente los de 4 649 escuelas, están clasificados como funcionales. Sin embargo, queda mucho trabajo por hacer para la otra mitad, en particular para la quinta parte (1 867 escuelas) cuyos SGC obtuvieron una puntuación de cero en los indicadores de funcionalidad. Se trata de consejos que sólo existen sobre el papel, sin compromiso ni actividad real. En el lado positivo, los SGC funcionales destacan por su fuerte liderazgo, la participación activa de las partes interesadas y una comprensión clara de sus funciones y responsabilidades. Sin embargo, el punto más débil de los SGC es su capacidad para promover la participación de los gobiernos locales.
La evaluación también mostró variaciones entre regiones. Luzón Central registró el mayor número de SGC funcionales, mientras que las zonas urbanas, en particular la Región de la Capital Nacional, quedaron rezagadas. Estas disparidades ponen de relieve la necesidad de un apoyo adaptado al contexto, un fortalecimiento continuo de capacidades y mayores esfuerzos para promover la participación, especialmente en sistemas escolares grandes o complejos.
Una imagen nacional de la participación local
A través de esta evaluación a gran escala, el Departamento de Educación ha generado escasas pruebas acerca de cómo sus políticas se materializan en la práctica a nivel comunitario. Los resultados demuestran que la participación de la comunidad en la gestión escolar no es sólo un ideal, sino una realidad moldeada por miles de interacciones cotidianas en las escuelas públicas locales. Allí donde funcionan, los SGC defienden y promueven la planificación integradora, la transparencia presupuestaria y la colaboración en la resolución de problemas.
Y lo que es más importante, estos resultados no sólo son informativos para los decisores políticos del Departamento de Educación, sino que también capacitan a las partes interesadas de la comunidad escolar. Cuando los padres y los líderes locales ven que su compromiso se reconoce y se mide, afirman que sus contribuciones son importantes. Refuerza el mensaje de que las escuelas no son silos aislados, sino instituciones comunitarias que prosperan gracias a la participación.
De la funcionalidad al impacto: ¿Qué viene despúes?
El próximo reto del Departamento de Educación es pasar de la evaluación de la funcionalidad a la comprensión del rendimiento y el impacto. ¿Los SGC funcionales conducen a políticas escolares más receptivas, a una mejor gestión de los recursos, a un entorno de aprendizaje más propicio y a mejores resultados de aprendizaje para los estudiantes? ¿Las comunidades están más comprometidas en la educación cuando tienen un puesto formal y derecho a voto reconocido en la mesa de toma de decisiones?
Para responder a estas preguntas se necesitará algo más que métricas. Requerirá escuchar a las partes interesadas, hacer un seguimiento de los resultados a largo plazo y adoptar una cultura de mejora continua. Como dijo el experto en reformas educativas Michael Fullan: "El cambio es un viaje, no un proyecto". Las políticas y las estructuras son importantes, pero lo que les da sentido es cómo se utilizan y si fomentan la confianza, la capacidad de acción y los resultados reales.
Reimaginar la gobernanza mediante la participación
Con el comienzo del año lectivo, merece la pena reconocer que la verdadera columna vertebral de nuestro sistema educativo no son solo los docentes ni los planes de estudios, sino las relaciones entre las personas que se preocupan por el futuro de la infancia. Los SGC son una de las formas más prometedoras de institucionalizar esas relaciones. Al vincular la política con la práctica, y la estructura con el espíritu, ayudan a reimaginar cómo puede ser la gobernanza escolar: transparente, responsable y verdaderamente participativa.